La familia es nuestro punto de partida; la boda es el punto de partida de una nueva familia; la celebración, un punto de reencuentro familiar. El universo Roca se articula a través de diferentes planetas que gravitan alrededor de la familia, que giran por la atracción del núcleo que representa la familia. El bar de los padres, el restaurante de los hermanos,... Y Mas Marroch es un planeta más de este universo.

Montserrat Fontané y Josep Roca son los padres de Joan, Josep y Jordi Roca. La pasión por la cocina de los hermanos Roca empezó a forjarse en Can Roca, el establecimiento que sus padres regentan desde 1967 en Taialà, un barrio en las afueras de Girona. Allí crecieron, en medio del ajetreo de platos, ollas y clientes. El bar era su sala de estar, el paisaje donde jugaban, hacían los deberes, miraban la televisión,... al mismo tiempo que desde la cocina se esparcian los aromas de guisados que su madre preparaba de forma generosa, sencilla y honesta.

En Can Roca, cuando Joan y Josep eran pequeños, también se celebraban bodas. Eran otros tiempos: bodas de entremés, arroz o canelones, ternera con setas y pastel nupcial. En Can Roca, los padres sirvieron las bodas de los padres y ahora, en Mas Marroch, los hijos Roca sirven las bodas de los hijos de aquellos padres que se casaron en Can Roca.

Empezamos cuando compramos la casa de al lado. Cuando tuvimos el comedor de arriba abierto, hicimos bodas. También en la parte de abajo hicimos bodas, para 110 personas. Arriba hacíamos banquetes de hasta 150 personas. Las bodas nos fueron muy bien para pagar deudas.
–¿Cual era el menú?
Entremés, arroz o canelones, ternera con setas y pastel nupcial. Yo salía a servir cuando ya tenía hecha la comida.
–¿Siempre lo mismo?
Pollo o ternera con setas... La cocina era pequeña y, de milagros, no se podían hacer.
–¿Cuando dejasteis de hacer bodas?
Hicimos muchas, y las dejamos de hacer cuando ampliamos a los domingos, que venía toda la familia a ayudarnos a servir. Ahora nuestros hijos sirven el banquete de las bodas de los hijos de los que casamos nosotros. !Y les hace tanta gracia!
¿Qué te parece? Nosotros hicimos las bodas de los padres y ! El Celler de Can Roca hace las de sus hijos!
— Montserrat Fontané

Y si hablamos de bodas también lo podemos hacer de los bautizos, las comuniones, los aniversarios, de fiestas de reencuentro familiar o social.

Detrás de la vocación de los tres hermanos Roca y del profundo respeto que sienten por las raíces y la tradición se encuentra una cocinera que no lleva bordado su nombre en la chaqueta y que no hace de la innovación o la creatividad los lemas de su filosofía culinaria: su madre, Montserrat Fontané. Practican cocinas tan diferentes que las técnicas (o quizá deberíamos decir los trucos) que ella aplica al hacer sus canelones, su arroz a la cazuela o sus calamares a la romana difícilmente se podrán aplicar en la cocina de El Celler. Pero sí que de madre a hijos se ha transmitido el oficio: cocinar con rigor, generosidad y afecto.

Creado en 1986 por Joan i Josep Roca Fontané, El Celler de Can Roca es heredero de Can Roca, la tradicional casa de comidas situada en Taialà, que sus padres Josep y Montserrat mantienen aún ahora y desde 1967.
Un día, aquel bar humilde, de barrio humilde, vio que el esfuerzo, el ingenio y el talento permitan que de la raíz de aquella popular casa de comidas brotase una rama llena de cocina de vanguardia y sofisticación.

Ahora, después que a finales de los 90 se uniese el tercer hermano, Jordi, el restaurante a llegado a conseguir un gran reconocimiento a nivel mundial. Caminando poco a poco y a paso firme, El Celler de Can Roca ha ido recogiendo por el camino premios y reconocimientos de guías, críticos y otros prescriptores. La primera estrella Michelin en 1995, la segunda en 2002 y la tercera en 2009; el 2013 y el 2015 ocupa la primera posición en la lista The World's 50 Best Restaurants; el doctorado Honoris Causa de la Universidad de Girona; diferentes Premios Nacionales de Gastronomía; Jordi es nombrado Mejor Pastelero del Mundo en 2014; posiciones prominentes en guías y listas; diferentes distinciones que ratifican el trabajo constante y bien hecho, y permiten que aquel restaurante de barrio obrero que nació modesto y humilde hace más de veinticinco años disfrute de la tranquilidad de poder hacer las cosas tal como les gusta hacerlas.